Se supone que cuando compramos el diario, queremos informarnos de lo que pasa. Tal vez no nos enteremos de absolutamente todo comprando uno sólo pero, al menos, nos vamos a actualizar.
Ahora, ¿qué pasa cuando el diario no termina de contarnos algo?
Aquí, en una columna que lleva por título principal “Accidentes”, compuesto por tres noticias que (obviamente) tratan de eso, sucede que nos dejaron con la palabra en la boca.
A la última de las tres noticias, que lleva por título “Murió al caer debajo de un ómnibus”, le falta en la oración final la última palabra.
Es así como, lo que se lee, es lo siguiente: “Los investigadores de la comisaría 2ª de la Policía Distrital Lanús, investigan qué interno de alguna de las 2 líneas de pasajeros que pasan por esa esquina, fue el que lo (…)”.
Y nada más. Los puntos suspensivos son porque ahí no hay más nada. Ni el punto final. Está bien, todos obviamente tenemos el efecto visual de completar la frase con la palabra que nos parece o con la que quisieron poner y no pusieron.
Acá, seguramente, pasó que había que acortar la última oración y los correctores (si es que tienen) optaron por lo más rápido y amputaron la última oración, como se hace siempre.
Pero si el diario va a empezar a traer menos letras y palabras, aunque sea, que empiece a salir más barato. No me cobres por lo que no me vas a dejar leer.
O sea, no m_ cobr_s por u_ di_rio q_e no m_ tr_e t_das las l_tras, ¿ok?

Diario La Prensa del martes 6 de marzo de 2007. Página 22, sección “Actualidad”, columna “Accidentes”.
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